Silvestre de Edeta no asusta ni sorprende, tampoco defrauda.

Y ello porque no confunde.


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Cuando se propuso la exposición homenaje a Silvestre de Edeta, concretando como tema "La Dona" tuve claro que tenía que participar. Siento predilección por la representación femenina. Pero de la euforía inicial pasé a un estado de bloqueo mental-creativo del que, todavía, no se si he salido.

  Volví a visitar el Museu Silvestre D'Edeta en LLiria. He tratado de documentarme sobre su vida, he leído "Silvestre de Edeta. Oficio de Sobriedad" de Rafael Prats Rivelles, que me ha ayudado a aclarar mis ideas. Estas surgían de mi condición de mujer y madre.

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LA DONA

HOMENAJE A M. Silvestre de Edeta

La Dona es el tema recurrente en la obra de
M. Silvestre de Edeta.
Incansable enamorado que sabe desgranar
en ella sus múltiples virtudes.
Plasmadas en sinuosos o recogidos
volúmenes, sensibles y tremulantes,
otras veces pensativos, ensoñadores, enérgicos,
decididos o serenos, pero siempre envueltos
en la sensibilidad y sensualidad que la caracteriza.
Atributos que arranca al material con que
trabaja y que transmite en la mirada de sus figuras.

Gran conocedor del Cosmos femenino
en cualquiera de sus edades,
adolescentes o infantiles, dulce maternidad
o sosegada madurez.
Su obra rezuma puro sentimiento,
delicadeza, ensueño o fuerza y
con su característica sencillez y honestidad nos transmite
su amor por la figura humana, por la Dona.

Encarna Arnal
Valencia Abril 2012

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                                                                                              Manuel Silvestre de Edeta

Manuel Silvestre es de personalidad sosegada, pero sus comentarios siempre han sido agudos, sinceros y comprometidos, por tanto que nadie se equivoque Manuel Silvestre es un hombre apasionado, su bonanza puede alzarse airada ante algo que estime injusto o inadecuado apasionado, luchador y comprometido son también aspectos de su carácter que el supo templar, necesitaba hacerlo, la discreción fue fundamental en los primeros años de la posguerra

Son muchos los textos que se han dedicado al escultor destacando el hombre bueno y es tanta su cercanía que corremos el peligro de perder el enfoque, olvidar que nunca fue tímido en sus posicionamientos mostrando independencia de criterio, recordemos el incidente que ocurrió en Liria los primeros días de la guerra civil, cuando es capaz de manifestarse, desaprobando algunos actos independientemente de quienes habían sido sus autores.

Este es el Manuel Silvestre que yo admiro y que todavía percibo en el anciano que tengo ante mí mirándome con esos pequeños ojos tan familiares.

Cuando contemplamos la obra de un artista no siempre somos conscientes de la lucha vital que hay detrás, el empecinamiento de seguir trabajando a pesar de las dificultades de cualquier tipo, se lucha con la propia obra y con la vida en una batalla que necesita entereza y decisión, es necesaria la fortaleza suficiente para enfrentarse con el trabajo incluso cuando las circunstancias vitales son complicadas. Una trayectoria profesional tan inequívoca como la que Manuel Silvestre ha desarrollado atravesando  un siglo es fruto de la determinación y el carácter.

No es fácil moverse tantos años en un panorama profesional cambiante, manteniendo la capacidad de despertar tanto afecto y simpatía, si no es a través del  respeto a los otros, respeto exento de adulación, tampoco nos tenemos que equivocar en esto Manuel Silvestre como todo humano se ha visto envuelto en conflictos y pasiones propias y ajenas, la diferencia es la honradez para solucionarlas, su ambición siempre ha estado canalizada en su obra, en la practica comprometida del oficio de escultor y de docente, nunca ha buscado meritos que no estuvieran estrictamente relacionados con su excelencia como escultor, ese es el secreto que le hace merecedor de respeto.

Así como el paso del tiempo afecta a la percepción que tenemos del hombre, afecta del mismo modo la percepción de la obra, que tampoco sea este un lugar para la lectura fácil. La mirada consciente de Silvestre descubre el profundo misterio de los aspectos más íntimos y cotidianos y los convierte en excepcionales, consigue hacer de la serenidad que desprenden sus obras, una enérgica celebración de lo humano digna de la mejor escultura del clasicismo y esto no es solo fruto  del perfecto dominio de una técnica.

 La importancia que en su obra adquieren las sutiles texturas haciendo destacar o subrayar aspectos de la forma, la maestría en el acabado de los distintos materiales ya sean madera, bronce, o arcilla me hacen evocar a Silvestre de Edeta con un palillo en su mano derecha y una bolita de barro en la izquierda,  girando en torno a un busto que estaba realizando, con la elasticidad que aun hoy conserva, mientras afirmaba la importancia de saber ver donde había que colocar aquella pequeña bolita que “le podía dar el volumen necesario a un parpado unos labios o un pómulo simplemente pegándola y presionando ligeramente sin mas manipulación para no perder la frescura del gesto, el lenguaje del material”  

 
 Esta será una mas de las exposiciones, en la que los integrantes de ArteEnred como venimos haciendo mostraremos nuestro trabajo, pero también será y como siempre, un lugar para el aprendizaje, para la comunicación. Y en esta ocasión un espacio para que Manuel Silvestre de Edeta continúe transmitiendo su magisterio ese que le conceden sus propios meritos, más allá de las estructuras académicas, ese que yo he recibido y que agradezco profundamente.
                                                                                        



                                                                                                  Antonia Carbonell Galiana

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